Yo, bisexual.

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Admitir que eres bisexual es un gran paso.

Pocas cosas son las que pueden influir tanto en la decisión de una persona de admitir “públicamente” ser bisexual como los prejuicios de su propio entorno, el hecho de tener que obedecer las leyes del heteropatriarcado y la necesidad de cumplir a rajatabla los cánones atribuidos a la masculinidad hegemónica.

Entre agosto y octubre del año pasado empecé a sentir una profunda incomodidad porque otras personas, sobre todo de mi círculo más cercano, se refirieran a mí como si de un hombre me tratara. Estaba descubriendo que soy una persona transgénero no binaria, cosa de la cual hablaré en otro momento. Hasta entonces siempre me había considerado un hombre. Un hombre cisgénero y heterosexual. Era gracioso porque mi primera relación sexual fue a los 12 años y con un chico. Un amigo con el cual me llevaba bien y con quien yo entraba al baño para experimentar nuevas sensaciones.

Ser bisexual en el colegio.

Una vez, con catorce años, se me ocurrió decirle a alguien en mi colegio que era bisexual. Todo el mundo empezó a hablar y al de dos días me preguntaron en medio de una clase que a ver “por qué” era bisexual y que desde cuándo era bisexual. Por aquel entonces en clase de tutoría, tocábamos bastante el tema de las personas LGBT. Para mi clase los gais eran unos desviados. De las lesbianas y la gente trans no se hablaba, claro. Las personas bisexuales eran unas promiscuas, la bisexualidad era puro vicio, no existía, era abrir el mercado para follar más. Así que yo dije que no, que eso se lo había inventado alguien y que yo había hablado sobre lo que dijo Sigmund Freud al afirmar que todas las personas nacemos con predisposición a ser bisexuales. Obviamente y de forma inconsciente mi miedo a ser considerado bisexual fue creciendo.

Negar ser bisexual por miedo

Con el tiempo, y pese a ser una persona abierta con ideas progresistas empecé a dejarme influenciar por la presión social. Nunca más me consideré bisexual. A los dieciocho años empecé a acostarme con más hombres, algunos algo mayores. Era algo que me gustaba, quería comprender mi sexualidad y quería experimentar nuevas sensaciones. Comencé a considerarme “heteroflexible”. Buscaba en internet páginas que afirmaran que no hace falta ser bisexual o gay para acostarse con otros hombres. Leía blogs que hablaban de forma contrapuesta sobre la conducta y la orientación sexual. Cualquier cosa que me ayudara a sentirme como el hombre que nunca fui. No fue hasta el año pasado cuando me di cuenta de que yo NO era heterosexual.

Visibilizar que soy bisexual

Lo que más me duele es que no puedo imaginarme cómo sería la reacción de mi familia si lo dijera ya que nunca lo he admitido. Ni eso ni mi identidad de género. Yo era y soy, a día de hoy, bisexual. Lo que me ha hecho repudiar de una etiqueta que me define ha sido el miedo interiorizado a no ser tan hombre como siempre he tratado de parecer y el miedo a que todo el mundo se riera de mí, y eso lo único que ha hecho ha sido perjudicarme a mí y perpetuar la invisibilización de la comunidad bisexual. Y no hay nada que más me haya dolido nunca, al igual que a toda la comunidad LGBT, que sentirme invisible en un mundo que no me quiere.

 

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