El desarrollo de los roles de género en la infancia

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Autora: Marina P, educadora infantil.

Infancia, el comienzo

Las diferencias de género nos son inculcadas ya desde nuestra infancia. Nuestro sexo determinará la forma en que vamos a ser educados, pues en función de nuestras características físicas, se nos asignarán unos colores, se nos promoverán unas actividades específicas e incluso se nos dará un tipo diferente de afectividad y libertad, todo ello crucial para la construcción de una identidad propia que irá muy ligada a nuestro género y lo que se espera de éste.

El género de los colores desde la infancia

Podríamos incluso afirmar que ya desde antes de nacer condicionamos los estereotipos de género. Por ejemplo, la mayoría esperamos a saber el sexo del bebé para escoger el color de las paredes de la habitación y de la ropa, pues es innegable el significado cultural que le asignamos a los colores. Y es que ¿Cuánta gente pinta de rosa la habitación de un niño?

Si bien puede parecer que el color no es un factor tan importante en las diferencias de género, sí lo es en cuanto a lo que se desprende de ellos. Si miramos unos años atrás, hubo una época en que los bebés vestían todos de blanco, independientemente de su sexo. No fue hasta después de la segunda Guerra Mundial que se les asignó un color a cada uno, siendo en un inicio el rosa para los niños y el azul para las niñas, totalmente contrario a la moda actual. Lo curioso fue la explicación que se le dio a ello, justificando que el rosa (asociado al rojo y a la sangre) era un color más fuerte y decidido, mientras que el azul era un color más delicado y fino. Posteriormente, como toda moda, cambió y los colores se invirtieron, no sin antes justificar ese cambio, asignándole un significado a cada color que cuadrara con el rol de género con el que iba relacionado. Así pues, se pasó a considerar el rosa como un color más fino y delicado, símbolo de la feminidad. Y es ahí donde quiero poner el énfasis, no en el simple hecho de asignar un color a un género, sino en esa explicación que encontramos detrás, esos roles de género asociados desde la infancia es lo que debemos cambiar.

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Como maestra de educación infantil, no hay de momento ni una generación en la que no haya oído frases en boca de niños como “No, las tijeras rosas no, que son de niña”. Es curioso, aunque no sorprendente, escuchar sus respuestas cuando se les pregunta el porqué, ya que algunas suelen ir dirigidas hacia “el rosa es el color de las princesas”. Y es que quizás es eso lo que les estamos diciendo que se espera de ellas.

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Aprendizaje de los estereotipos de género ¿Qué significa ser niña? ¿Qué significa ser niño?

Lo mismo pasa con los juguetes. Los niños muy pequeños no entienden aún de normas sociales ni estereotipos, por lo que juegan con todo tipo de juguetes, sin discriminar ninguno. Es cuando crecen y se relacionan con su entorno cuando se ven influidos por la cultura que los envuelve, de la cual recopilan información constantemente.  Alrededor de los 4 años empiezan a aprender lo que “es de niños” y lo que “es de niñas”. Lo aprenden por el tipo de juguetes que se le compra, por la publicidad que les rodea o por el tipo de juegos que ven que sus compañeros del mismo sexo usan. En la misma publicidad, siguen siendo niñas las que mayoritariamente anuncian muñecas, juegos domésticos y artículos de belleza, mientras que los niños se relacionan con coches, construcciones, deportes y juegos de lucha. Esto supone un potente mensaje para un niño que justo empieza a relacionarse con su entorno.

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Por otro lado, es importante remarcar que no sólo se inculcan estos estereotipos con los juguetes que les compremos o los colores que les pongamos, sino también con el modelo que les estemos dando. Aunque el promedio de participación de los hombres en las tareas del hogar haya aumentado en los últimos años, en la mayoría de familias las mujeres siguen dominando en cuanto a responsabilidades domésticas se refiere. Los niños aprenden sobre todo por modelaje y tienden a identificarse con los adultos de su mismo sexo, por lo que aunque les intentemos enseñar valores de igualdad, hace falta predicar con el ejemplo.

Cómo luchar contra ello

Es interesante combatirlo desde las aulas o desde casa y ver cómo los niños se plantean realmente estos papeles que les han sido asignados. Muchos de ellos incluso lo aplican y los llegan a rechazar. Pero es algo que normalmente queda circunscrito en ese entorno, ya que fuera de él, puede que se rijan por otras reglas, y es que llevarle la contraria al sistema supone demasiados riesgos (que les etiqueten, que les excluyan…).

Los roles de género son algo que está muy arraigado en nuestra cultura. Somos seres sociales, y como tales, estamos influidos por las normas y estereotipos de la sociedad para poder encajar y sentirnos parte de ella. Es muy triste ver como un niño a quién no le gusta el fútbol, acaba persiguiendo a la pelota sin verle el sentido ni disfrutar, para poder chocar las manos con sus compañeros del mismo sexo e incluso recibir una palmadita de su padre.

Si bien es cierto que afortunadamente los roles han ido cambiando a lo largo del tiempo, y actualmente la gente cada vez está más concienciada y comprometida a romper con estos estereotipos, seguimos viviendo en una sociedad machista en la que hay que seguir luchando para la igualdad. Cambiar estos estereotipos es cosa de todos y se debería hacer en todos los ámbitos desde la infancia. Es necesario hacerlo en casa, en las aulas, en los medios, en los dibujos y películas, en el lenguaje, en los juegos, en las canciones…  Requiere pues un esfuerzo generalizado que les dé un mensaje común y coherente, desafiando así a los estereotipos de género tan arraigados en nuestra sociedad y de los que cuesta tanto deshacerse.

Todos los niños deberían tener la oportunidad de explorar diferentes roles y diferentes estilos de juego en la infancia. Hay que darles las mismas oportunidades y transmitirles que todos ellos, independientemente de su género, pueden vestir, jugar o ser como ellos quieran o sean. Ellos también pueden ser sensibles, ellas fuertes. Y todos pueden llegar donde ellos quieran.

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