Cuidados

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La forma en la que hoy en día entendemos los cuidados es, a mi parecer, insuficiente y está sesgada. Sin embargo, esta concepción particular que tenemos sobre ellos no es arbitraria.

Los significados que atribuimos a las cosas son resultado de la interacción –vehiculada principalmente a través del lenguaje-, que se produce en sociedad entre los individuos que la formamos y, por lo tanto, no son sino una creación que hemos llevad o  a cabo y qu epodemos negociar, reformular o modificar. Esto es importante ya que es a partir de estosque nos construimos a nosotros mismos, la forma en la que pensamos, cómo  sentimos y entendemos, la manera en la que nos comportamos y nos relacionamos. Entonces,acogerse a un u otro significado sobre lo mismo puede llevar a experiencias completamente distintas sobre el mundo y sobre uno en particular.

Si las ideas que tenemos sobre las cosas emergen de las interacciones en un modelo de sociedad concreta, debemos fijarnos en ella. Actualmente esta se construye y se apoya de forma predominante y generalizada en el capitalismo, la ciencia y el patriarcado. Estos tres pilares son sobre los que toda nuestra existencia se estructura y de ellos se desprende una moral y unos valores concretos: el individualismo, la competitividad, la universalidady la justicia; el desprecio de lo emocional o, en el mejor de los casos, su subordinación ala razón; y la superioridad en todas las esferas de la existencia del hombre blanco, cisgénero, heterosexual y burgués.

Esta moral y sus valores se transmiten a través de los procesos de enculturación y de socialización (de la interacción) que tienen lugar de forma más o menos explícita en nuestro contexto, y que tienen por fin construirnos como individuos funcionales. Con funcionales me refiero a formarnos como seres capaces de adaptarnos a nuestro entorno físico y sociocultural para garantizar así nuestra supervivencia, pero también la del sistema en el que nos encontramos.

No es sino mediante la transmisión de significados (pautas de comportamiento, valores, ideas, formas de sentir y de pensar…) que nos convierten y nos convertimos en personas más o menos normativas. Lo que se premia entonces es la norma, mientras que cualquier desviación, por pequeña que esta sea, se castiga, pues no contribuye a reproducir y perpetuar el orden social.

Así, encontramos que, debido a estos procesos de influencia a los que estamos expuestos de forma inevitable, nuestra forma de concebir los cuidados estará impregnada por valores que versan del capitalismo, el patriarcado y el reduccionismo científico. En primer lugar, la idea que manejamos sobre ellos los circunscribe a un área específica de nuestras vidas, la privada; esta es al ámbito personal y relacional íntimo, como así también el espacio de las emociones.

Como la moral predominante y que se nos ha inculcado no reconoce la importancia que tienen los cuidados para el desarrollo vital de las personas, estos están concebidos para llevarse a cabo al margen de la vida pública, pensada para el trabajo y su carácter cientificotécnico, sus tiempos rápidos y agobiantes y su competitividad. Es más, los primeros se subordinan a los ritmos de tiempo que se manejan en la vida pública, de forma que solo tienen cabida si estos los permiten; el trabajo ordena (y desordena) la vida relacional y social de los individuos.

Después, por el componente emocional y relacional que exigen los cuidados, además de su circunscripción a la esfera privada, se ha hecho que tradicionalmente se asigne su desempeño a las personas del género femenino.

La transmisión de significados des del patriarcado construye individuos con una moral concreta y diferenciada según sean leídos como hombres o como mujeres. Por un lado, a los primeros se les educa, se les encultura o se les socializa en la competitividad, la agresividad y en el rechazo a la afectividad, y se les enseña que tales características son exponentes y reafirmantes de la masculinidad. Ello les lleva a rehusar de los cuidados porque la base para ellos es opuesta a todas las características mencionadas, y acaban por entenderlos como innecesarios y responsabilidad de las mujeres.

Por otro lado, nosotras, las personas leídas mujeres, desarrollaremos una moral de responsabilidad hacia los demás, de cuidado, de atención y donde las emociones jugarán un papel importante como exponentes ahora de la feminidad, todo ello fruto de ser educadas en esta sociedad.

No obstante, no debemos olvidar que estas construcciones de masculinidad y de feminidad y los roles asociados a ellas son de carácter social, por lo que seguro que existen mujeres que no desarrollan esta disposición hacia los cuidados, y que hay hombres que sí pero que quizás a través de diversos mecanismos pueden ser excluidos de estas prácticas. Y en tercer lugar, liga de forma exclusiva su práctica a situaciones que podríamos decir de indefensión o necesidad explícita, como puede ser cuando somos niños, cuando estamos enfermos o en relación a alguna otra condición que nos hace ser dependientes.

En los últimos tiempos, con tal de resignificar los cuidados (domésticos) y otorgarles la importancia que se merecen, diversos movimientos han establecido una estrategia que consiste en plantearlos como trabajo. Pero a pesar de algunos avances y beneficios que se hayan podido lograr con ello, la realidad es que estos siguen entendiéndose como una práctica subordinada al trabajo productivo, negativa al estar sujeta a unos tiempos de trabajo concretos y, además, paradójicamente, como una <<profesión>> invisibilizada y precarizada.

En definitiva, esto no es más que el reflejo de otra victoria del capitalismo y del patriarcado: primero, al lograr la incorporación de las mujeres al mundo laboral y aumentando así la riqueza material; después, al adueñarse de otro espacio tan relevante para los individuos como es el de los cuidados y mercantilizándolo y, finalmente, al hacer que seamos nosotras quienes debemos responsabilizarnos de todo, con todo el impacto
físico y psicológico que eso conlleva. Llegados a este punto, ¿Podemos entender los cuidados de otra forma?Creo que sí, y por ello me gustaría hablar ahora de cómo los  concibo personalmente a sabiendas de que es muy probable que me olvide de incluir cosas y de que no existe una única forma de entenderlos, porque hay tantas como necesidades distintas de cuidados y maneras de interpretarlos tenemos los individuos.
Los cuidados no son algo que solo pueda entenderse como una práctica ligada a una esfera particular de nuestras vidas y a momentos concretos, ni una actividad estandarizada, sino una forma de estar en el mundo y de organizarnos y una práctica positiva. Cuidar y cuidarnos es comprender que somos seres sociales, emocionales y relacionales que necesitamos apoyarnos en aquellos y aquello que nos rodea para dar y para recibir cuidados, a pesar de que podríamos ser capaces de proveérnoslos a nosotros mismos. La práctica debe ser espontánea, desinteresada y según las necesidades y diferencias de cada persona; debe basarse en la colaboración, la igualdad, el respeto y la responsabilidad hacia los demás y hacia el mundo. Se caracteriza porque pone en el centro las emociones y el bienestar. Cuidar es comprensión hacia uno mismo y hacia los demás; es escucha interesada y empatía. Cuidar es permitir y permitirnos experimentar emociones positivas y negativas y tener las herramientas para aprender sobre ellas; es tener tiempo para reflexionar, para comunicarnos, para crecer y cambiar.

En el plano individual, los cuidados pueden ser aprender a querernos y a creer que somos dignos de ser amados; también saber hablar con nosotros mismos de forma sincera, entender, experimentar y expresar nuestras emociones para poder gestionarlas. Son comprender que no necesitamos ser perfectos, que somos válidos. Los cuidados son averiguar si algo nos apasiona o aquello que odiamos y por qué; son descansar, disfrutar con lo que hacemos y sentirnos cómodos, pero también obligarnos a llevar a cabo aquello que no nos apetece, nos duele o para lo que no encontramos fuerzas si sabemos que a largo plazo nos servirá para estar mejor; son no flagelarnos por todo pero tampoco ser demasiado benévolos y aprender a perdonarnos si algo no sucede como esperábamos, aceptar que podemos equivocarnos, que no hay nada de malo en cambiar y que solo nosotros determinamos nuestro valor como personas. El cuidado es equilibrio.

A nivel relacional y grupal, cuidarnos es aprender a ser asertivos, poder expresar nuestras necesidades y emociones, comunicarnos cuando algo nos gusta, saber decir que no o alejarnos de alguien o de algo que nos hace daño; es no tener miedo a hacer todo lo anterior por si podemos ser juzgados o rechazados. Y cuidar es cooperar, preocuparse por el bienestar del otro de forma sincera, tomarnos el tiempo necesario para escucharlos y tratar de comprenderlos dejando de lado los prejuicios; conocer que cada individuo es distinto y que ello requiere que llevemos a cabo una práctica ajustada a sus necesidades siempre que nos sea posible, la no imposición de nuestra propia forma de relacionarnos y saber aceptar un no por respuesta. Cuidar es ser amable y respetuoso. También consiste en respetar el medioambiente y trabajar para su conservación.

Cuidar es ocuparnos de las necesidades básicas (protección, alimento…), los mimos, los besos, los abrazos, las caricias, o respetar los tiempos y el espacio de la otra persona, pero también que se interesen por si estamos bien, si disfrutamos o si el cuidado que recibimos no es adecuado o simplemente no queremos algo. Es apoyar a la otra persona tanto en los malos como en los buenos momentos, es ayudarla y procurar su bienestar, pero sin olvidar que nosotros también debemos recibir cuidados y autocuidarnos; es acudir si se nos necesita siempre que nos sea posible, informarnos y aprender sobre la persona que tenemos delante y lo que le sucede, aprender a hablar con el otro y a resolver conflictos de forma justa y responsable. Cuidar es construir relaciones horizontales basadas en la equidad y a través de la negociación de significados.

A nivel colectivo, cuidar consiste en trasladar la concepción que tenemos de ellos al plano social e institucional, de manera que estos se responsabilicen de las necesidades de las personas y del mundo.

Es cierto que llevar a la práctica esta forma de entender los cuidados puede resultar complicada en la sociedad actual, pero también es verdad que los cambios solo llegan si se empuja desde abajo cada día. Reflexionemos entonces sobre la forma en la que queremos mirar y practicar los cuidados a partir de ahora, sobre el efecto que ello tendrá sobre nuestras vidas y sobre el mundo y en el tipo de persona en que nos convierte.

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